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Cuando lees tantas cosas buenas de algo, sea lo que sea, te mosqueas y terminas por aborrecerlo. Lo consigues, lo revisas y lo criticas duramente. Muy pocas veces ocurre que durante esa revisión, disfrutas tanto que saboreas con fruición cada momento que pasa y lamentas amargamente que te quede un segundo menos para que el hechizo se rompa. Ésta es una de esas veces.
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